Flat tax en Italia: el régimen para grandes patrimonios

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En resumen
  • La flat tax para nuevos residentes (art. 24-bis del TUIR italiano) sustituye la tributación ordinaria de toda la renta de fuente extranjera por un importe fijo.
  • Desde el 1 de enero de 2026 ese importe es de 300.000 € al año (L. 199/2025). Antes fue de 200.000 € y, hasta agosto de 2024, de 100.000 €.
  • Cada familiar incluido paga 50.000 € al año si el traslado de residencia se produce a partir del 1 de enero de 2026; para quien se trasladó antes el importe sigue siendo de 25.000 €, igual que el principal permanece en 200.000 o en 100.000 €.
  • Dura un máximo de quince períodos impositivos y no es prorrogable.
  • Desde el 1 de enero de 2027 el TUIR queda derogado por el Decreto Legislativo 117 de 19 de junio de 2026: el régimen pasa al artículo 246 del nuevo texto único, con importes y reglas idénticos. Cambia la numeración que hay que citar, no el contenido.
  • Requisito de entrada: no haber sido residente fiscal en Italia durante nueve de los diez períodos impositivos anteriores.
  • Exime de la declaración de patrimonio extranjero (cuadro RW) y de los impuestos patrimoniales IVIE e IVAFE, pero no regulariza el pasado ni protege frente a una impugnación de la residencia.

Desde el ejercicio fiscal 2026, el régimen italiano de flat tax para nuevos residentes regulado por el artículo 24-bis del Testo Unico delle Imposte sui Redditi (TUIR, el texto refundido del impuesto sobre la renta italiano) opera dentro de un marco jurídico definido y estable. Sus elementos estructurales —el importe del impuesto sustitutivo, la duración máxima de la opción y las causas de terminación— delimitan con claridad el perímetro dentro del cual se aplica y permiten valorarlo correctamente dentro del sistema tributario italiano.

Desde el ejercicio 2026, el impuesto sustitutivo anual que paga quien opta por el régimen como nuevo residente fiscal italiano asciende a 300.000 € al año. El importe lo fijó la Ley 199/2025 con efectos desde el 1 de enero de 2026. Este aumento no ha alterado la arquitectura del régimen, que sigue basándose en una separación estricta entre renta de fuente extranjera y renta de fuente italiana: la primera queda cubierta por la flat tax, la segunda tributa con las reglas ordinarias aplicables a cualquier residente.

La modificación no tiene efecto retroactivo. Quien ejerció la opción bajo las reglas vigentes en el momento de su entrada sigue aplicando las condiciones originales durante toda la duración del régimen, sin ajuste automático al nuevo importe. Por eso conviven hoy en Italia contribuyentes que pagan 100.000 €, otros que pagan 200.000 € y los que entran ahora, que pagan 300.000 €.

La duración máxima del régimen es de quince períodos impositivos, contados desde el año en que se ejerce la opción. No es prorrogable y decae automáticamente al término del decimoquinto período. La terminación anticipada puede producirse por revocación voluntaria, por pérdida de los requisitos subjetivos —en particular la pérdida de la residencia fiscal italiana— o por caducidad debida a incumplimiento, incluido el impago del impuesto sustitutivo dentro de los plazos legales.

Este marco confirma que la flat tax es un régimen limitado en el tiempo, plenamente integrado en el sistema tributario italiano ordinario y condicionado al cumplimiento continuo de los requisitos legales.

Quién puede acceder: residencia y verificación sustantiva

El requisito central para acceder al régimen es el traslado de la residencia fiscal a Italia, combinado con un período previo de no residencia. La ley exige que el contribuyente no haya sido residente fiscal en Italia durante al menos nueve de los diez períodos impositivos anteriores al ejercicio de la opción.

Este requisito busca reservar el régimen a quien se traslada realmente desde el extranjero, y excluir los retornos de corta duración o las situaciones de continuidad sustancial con Italia.

La residencia fiscal italiana se determina con los criterios internos ordinarios —inscripción en el anagrafe (el padrón municipal italiano), domicilio o residencia habitual durante la mayor parte del período impositivo—, pero en los casos transfronterizos la valoración se centra sobre todo en la sustancia del traslado. El análisis se concentra en dónde está realmente la vida personal y económica del contribuyente.

Desde esa perspectiva, el concepto de centro de intereses vitales exige una valoración completa de elementos como la presencia física en Italia, la disponibilidad de una vivienda, la localización del núcleo familiar, la gestión del patrimonio y de los intereses empresariales, y la estabilidad de las relaciones personales y profesionales. Aplicar la flat tax no debilita ese examen: al contrario, una residencia fiscal italiana sólida y defendible es un prerrequisito indispensable.

En contextos internacionales, la verificación de la residencia puede interactuar además con los convenios de doble imposición, que contienen reglas de desempate y mecanismos para resolver los casos de doble residencia.

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Qué rentas cubre la flat tax y cuáles quedan fuera

En un régimen de impuesto sustitutivo, la distinción entre renta incluida y renta excluida es crucial, pero no agota el análisis. La cuestión clave sigue siendo la calificación correcta de la renta por su fuente, distinguiendo la de origen extranjero de la de origen italiano.

La flat tax sustituye la tributación ordinaria de la renta de fuente extranjera, que no forma parte de la base imponible del IRPEF italiano. Se incluyen habitualmente los rendimientos de inversiones en el exterior —dividendos e intereses—, las rentas de inmuebles situados fuera de Italia y otras categorías de renta producidas fuera del territorio italiano.

Sobre este perímetro la norma establece una excepción expresa. El artículo 24-bis, apartado 1, del TUIR dispone que el impuesto sustitutivo no se aplica a las plusvalías por la venta de participaciones cualificadas —las del artículo 67, apartado 1, letra c)— realizadas en los cinco primeros períodos impositivos de vigencia de la opción: siguen sujetas al régimen ordinario de imposición previsto en el artículo 68, apartado 3. Quien prevea vender una participación relevante dentro de los cinco primeros años debe contar, por tanto, con una tributación ordinaria sobre esa plusvalía, que los 300.000 € no cubren.

En cambio, la renta de fuente italiana sigue plenamente sujeta a la tributación ordinaria de los residentes. Esto incluye, entre otras, la renta del trabajo desarrollado en Italia, la renta empresarial de fuente italiana y la de inmuebles situados en Italia.

En estructuras con flujos mixtos o patrimonios complejos, la calificación precisa de la fuente se vuelve central. Vehículos societarios, participaciones internacionales o carteras inmobiliarias repartidas en varias jurisdicciones pueden generar flujos que requieren un análisis detallado. La flat tax ofrece un tratamiento sustitutivo, pero no elimina la necesidad de clasificar correctamente cuando la territorialidad no es evidente.

Exenciones y simplificaciones asociadas al régimen

Más allá del impuesto sustitutivo en sí, la flat tax tiene efectos relevantes en términos de simplificación del cumplimiento y de reducción de cargas administrativas vinculadas a los activos extranjeros.

En particular, el régimen exime de las obligaciones de declaración de patrimonio en el exterior, que ordinariamente se cumplen mediante el cuadro RW de la declaración italiana. Esta exención reduce de forma material la complejidad declarativa y el riesgo de sanciones formales.

De forma coherente con la naturaleza sustitutiva del régimen, el contribuyente queda también exento del IVIE y del IVAFE, los impuestos patrimoniales italianos sobre inmuebles y activos financieros situados en el extranjero. Estas exclusiones tienen un impacto sustancial en la gestión fiscal de un patrimonio internacional y son uno de los rasgos estructurales del régimen.

Un aspecto adicional relevante afecta al tratamiento de sucesiones y donaciones sobre bienes situados en el extranjero. En este terreno el régimen —por efecto del artículo 1, apartado 158, de la Ley 232/2016, no del propio artículo 24-bis— modifica el alcance de la tributación italiana, lo que obliga a coordinar la planificación sucesoria con la decisión fiscal, y no a tratarlas como ejercicios separados.

Extensión a los familiares y coordinación con la inmigración

El régimen permite extender la opción a los familiares mediante el pago de un impuesto sustitutivo adicional de 50.000 € al año por cada persona incluida25.000 € para quien trasladó la residencia antes del 1 de enero de 2026: el importe sigue la fecha del traslado, no el año en que se lee esta página—. La decisión es técnica y depende de la existencia de renta extranjera atribuible a cada familiar, de la utilidad de las simplificaciones del régimen y de la estructura patrimonial del hogar. Para un familiar sin rentas extranjeras significativas, pagar 50.000 € puede no tener sentido económico.

La extensión no es automática y debe gestionarse de forma coherente con la opción ejercida por el contribuyente principal. Cuando hay familiares de países fuera de la Unión Europea, la planificación fiscal debe coordinarse con los permisos de residencia y los procedimientos migratorios: la reagrupación familiar tiene sus propios plazos y requisitos, que no siempre coinciden con el calendario fiscal.

Acceso al régimen y gestión del cumplimiento

Se accede a la flat tax ejerciendo la opción en la declaración anual italiana de la renta. La opción produce efectos desde el período impositivo indicado y rige el tratamiento de la renta extranjera durante toda la duración del régimen, salvo revocación o caducidad.

El artículo 24-bis, apartado 3, dice literalmente que la opción debe ejercerse tras haber obtenido respuesta favorable a una consulta previa —el interpello— presentada a la Agenzia delle Entrate. La propia Agenzia, en su circular 17/E de 2017, admite que esa consulta es una facultad y no una obligación: es una posición administrativa, no el texto de la ley, y conviene conocer la diferencia antes de prescindir de ella. En cualquier caso es aconsejable en casos complejos: estructuras patrimoniales de varios niveles, incertidumbre sobre la residencia fiscal o dudas sobre la calificación de determinados flujos de renta.

El pago del impuesto sustitutivo debe realizarse dentro de los plazos ordinarios del impuesto sobre la renta. Cumplir plazos y obligaciones formales es esencial para permanecer en el régimen y evitar la caducidad. Un retraso en el pago no es un descuido menor: es una causa de pérdida.

La flat tax frente a los otros regímenes italianos

Para valorar la flat tax hay que situarla dentro del marco más amplio de las normas italianas aplicables a quien traslada su residencia desde el extranjero. Italia prevé varios regímenes, cada uno pensado para un perfil, con requisitos, efectos y límites muy distintos.

La flat tax del artículo 24-bis no es una alternativa general a la tributación ordinaria, sino un instrumento dirigido a personas con renta y patrimonio extranjeros significativos.

Flat tax y regime impatriati: dos lógicas opuestas

La comparación más frecuente es con el régimen italiano para trabajadores impatriados (regime impatriati). Aunque ambos se aplican a personas que trasladan su residencia fiscal a Italia, sus lógicas son radicalmente distintas.

El regime impatriati busca atraer capital humano y actividad productiva: excluye de tributación el 50 % de la renta de trabajo o de actividad profesional producida en Italia —el 60 % con un hijo menor residente—, hasta 600.000 € al año y durante cinco períodos impositivos, según el art. 5 del D.Lgs. 209/2023. La flat tax, en cambio, no toca la renta de fuente italiana, que sigue tributando íntegramente, y sustituye la tributación de la renta extranjera por un importe fijo.

Conviene una advertencia terminológica para el lector hispanohablante: el regime impatriati italiano no es el régimen especial de impatriados español, la llamada Ley Beckham del artículo 93 de la Ley del IRPF. Son dos normas de dos países distintos.

El resultado es que los dos regímenes italianos rara vez son intercambiables. El regime impatriati conviene a quien genera renta en Italia; la flat tax, a quien mantiene renta y patrimonio sustanciales fuera.

Flat tax y régimen del 7 %: ámbitos que no se comparan

Otra comparación recurrente es con el régimen del 7 % para jubilados extranjeros que se trasladan a determinados municipios del sur de Italia. La comparación suele ser engañosa.

El régimen del 7 % se aplica a quien percibe una jubilación extranjera y exige el traslado a un municipio de hasta 30.000 habitantes desde el 7 de abril de 2026 —antes el umbral era de 20.000— situado en una de las ocho regiones del sur. La flat tax, en cambio, no tiene ninguna restricción geográfica interna y cubre todas las categorías de renta extranjera, con independencia de su naturaleza.

Los dos regímenes persiguen objetivos de política distintos y se dirigen a perfiles distintos. Compararlos por el tipo impositivo es un error de método.

Flat tax y permisos de residencia: cómo se coordinan

La flat tax es un régimen fiscal y no constituye por sí misma un derecho de entrada ni de residencia en Italia. En la práctica, sin embargo, el acceso al régimen está estrechamente ligado a la posibilidad de residir legalmente en Italia y de empadronarse.

Para los ciudadanos de la Unión Europea —incluidos los españoles— la coordinación es sencilla: no necesitan visa y les basta con la inscripción en el padrón acreditando medios suficientes y cobertura sanitaria. Para quien viene de fuera de la Unión —Argentina, México, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela—, la elección de la visa adecuada se convierte en un elemento central de la estrategia de traslado.

Flat tax y visa de residencia electiva

La visa de residencia electiva es una de las opciones más habituales para quien vive de rentas pasivas o de patrimonio extranjero y quiere instalarse en Italia sin desarrollar actividad laboral. En esos casos, la flat tax puede constituir un marco fiscal coherente, siempre que se cumplan los requisitos de renta exigidos por la normativa migratoria.

Flat tax y visa de inversor

Para perfiles empresariales o inversores, combinar la flat tax con la golden visa italiana permite integrar la planificación fiscal con una vía migratoria basada en la inversión. El régimen fiscal funciona con independencia del derecho migratorio, pero en la práctica ambos se complementan dentro de un mismo plan de traslado.

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¿Qué convenio de doble imposición se aplica en su caso?

La flat tax depende de la residencia fiscal, no de la ciudadanía. Italia tiene convenios para evitar la doble imposición con Argentina, México, Chile, Uruguay, Colombia y España, entre otros. Esos convenios reparten la potestad de gravar y contienen reglas de desempate cuando dos países consideran residente a la misma persona.

Hay un punto que decide muchas operaciones: al optar por el impuesto sustitutivo, el contribuyente renuncia en general a acreditar en Italia los impuestos pagados en el extranjero sobre la renta cubierta por el régimen. Si su país de origen retiene en la fuente sobre dividendos o intereses, esa retención sigue aplicándose y ya no se recupera en Italia. La flat tax no apaga la fiscalidad del país de la fuente: solo sustituye la italiana. Por eso el análisis se hace jurisdicción por jurisdicción, con el texto del convenio delante, antes de ejercer la opción.

Cuándo funciona de verdad la flat tax (y cuándo no)

La flat tax para nuevos residentes no es un atajo ni una solución fiscal universal. Es un instrumento muy selectivo que da excelentes resultados solo en condiciones concretas y que puede resultar ineficiente o arriesgado en otras.

El régimen tiende a funcionar cuando la renta extranjera es sustancial, estable y claramente identificable; cuando las estructuras patrimoniales son coherentes y defendibles; cuando la residencia fiscal es genuina y sostenible; y cuando la flat tax es el resultado final de un proceso de planificación más amplio, no su punto de partida.

En cambio, pierde eficacia —o se convierte en un riesgo— cuando se aplica a personas con renta extranjera limitada o irregular, a quien busca una residencia «ligera» o temporal, o a quien mantiene el centro efectivo de sus intereses personales y económicos fuera de Italia. En esos casos el importe fijo se convierte en un costo cierto sin beneficio proporcional, y no ofrece ninguna protección frente a una impugnación de la residencia.

Las estructuras patrimoniales complejas —trusts, sociedades holding extranjeras, vehículos de varios niveles— no quedan automáticamente «cubiertas» por el régimen. Sin un análisis previo de la territorialidad de la renta y de la coherencia estructural, optar por la flat tax puede amplificar la incertidumbre en lugar de reducirla. No sorprende, por tanto, que en la práctica muchos casos requieran consultas previas y análisis en profundidad antes de la entrada.

La conclusión es clara: la flat tax italiana no va de cantidad, sino de calidad. Pocos entrantes, muy seleccionados, con frecuencia precedidos de una planificación compleja. Funciona muy bien para quien cumple plenamente sus condiciones y muy mal para quien intenta adaptarse a ella a posteriori.

La pregunta correcta no es «¿puedo acceder a la flat tax?», sino «¿tiene sentido la flat tax para mi vida, mi patrimonio y mi estrategia fiscal?». Solo cuando la respuesta a la segunda pregunta es afirmativa, el régimen se convierte en una herramienta eficaz y sostenible.

Los números del régimen de 300.000 €

En los últimos años Italia ha vuelto al mapa de la migración internacional de grandes patrimonios, aunque con características muy distintas de las de jurisdicciones tradicionalmente atractivas como el Reino Unido o Suiza.

Los datos disponibles indican que el régimen de flat tax para nuevos residentes ha sido utilizado por un grupo restringido y muy seleccionado. El número de opciones efectivamente ejercidas se cuenta en unos pocos centenares al año, con un total acumulado que, antes de 2026, no supera unos pocos miles de personas. Nunca ha sido un instrumento de masas, sino una medida diseñada para perfiles de gran patrimonio.

En un plano más amplio, los informes privados sobre migración de patrimonio indican que varios miles de personas con grandes patrimonios reorganizan cada año su residencia fiscal entre jurisdicciones europeas, con Italia entre los destinos considerados. Para 2025, esas estimaciones —de origen privado, no oficial— sitúan entre 3.000 y 4.000 las personas que evalúan o llevan a cabo un traslado a Italia, frente a un número sensiblemente menor de opciones por la flat tax. La diferencia es estructural: no todo el que se traslada se convierte en residente fiscal pleno, y no todo residente opta por el régimen sustitutivo.

El contexto internacional refuerza esa dinámica. En el mismo período, según las estimaciones privadas de Henley & Partners, el Reino Unido registró una salida neta de más de 16.000 personas de gran patrimonio en un solo año, tras sus cambios fiscales y regulatorios. Italia capta solo una porción marginal de esos flujos, pero típicamente con personas de estructuras patrimoniales complejas y alta propensión a la planificación fiscal internacional.

Leído así, el régimen italiano no es una palanca cuantitativa, sino un indicador cualitativo de atractivo: pocas entradas, muy seleccionadas, con frecuencia precedidas de consultas previas y de una estructuración compleja.

Conclusión

La flat tax del artículo 24-bis es hoy un régimen maduro, con reglas estables y un precio de entrada alto: 300.000 € al año desde el 1 de enero de 2026, más 50.000 € por cada familiar incluido. Su valor no está en el ahorro nominal, sino en la previsibilidad y en la simplificación del cumplimiento sobre un patrimonio internacional.

Funciona para quien tiene renta extranjera sustancial, una estructura patrimonial ordenada y la voluntad real de trasladar a Italia el centro de su vida. No funciona para quien busca una etiqueta fiscal sin mudarse de verdad. Entre esos dos extremos hay un análisis previo que ningún artículo puede sustituir, y que conviene hacer antes de ejercer la opción, no después.

Fuentes

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Preguntas frecuentes

No, y suponerlo es uno de los errores conceptuales más graves del régimen. La flat tax opera exclusivamente hacia el futuro, desde el período impositivo en que se ejerce la opción. No regulariza, no neutraliza ni perdona incumplimientos previos, ya sean rentas no declaradas, patrimonio no informado o incoherencias de residencia. Cualquier irregularidad anterior se valora aparte, con sus propios mecanismos y su propia exposición sancionadora.

Sí. La ley italiana permite excluir una o varias jurisdicciones extranjeras del ámbito del impuesto sustitutivo, sometiendo la renta de esos países a la tributación ordinaria italiana. Es una opción muy técnica, útil sobre todo cuando conviene conservar el crédito por impuestos pagados en el extranjero. A cambio, reintroduce las obligaciones declarativas y la complejidad de esas jurisdicciones, así que se decide país por país.

No en términos absolutos. La flat tax sustituye la tributación italiana sobre la renta extranjera, pero no anula la potestad de gravar de los países de la fuente. Las retenciones extranjeras sobre dividendos, intereses u otras rentas siguen aplicándose según la ley local. Además, quien opta por el régimen renuncia en general al crédito fiscal en Italia por esos impuestos. Que eso sea una simplificación o un costo depende de las jurisdicciones implicadas.

En la mayoría de los casos, sí. La flat tax italiana no modifica las normas fiscales de otros países. Dividendos, intereses u otros flujos pueden seguir sometidos a retención en el Estado de la fuente, según su normativa interna y el convenio aplicable. El impuesto sustitutivo opera solo en el plano italiano: dar por hecho que «apaga» la retención extranjera lleva a expectativas irreales sobre la tributación neta.

Potencialmente sí, pero es aquí donde el régimen se vuelve realmente complejo. La presencia de trusts, sociedades extranjeras o vehículos en cascada no excluye automáticamente el acceso, aunque plantea cuestiones críticas de atribución de renta, transparencia fiscal, titularidad real y normas antiabuso. El régimen simplifica solo después de que la estructura subyacente se haya analizado, alineado y, si hace falta, reordenado.

Al término del decimoquinto período impositivo el régimen cesa automáticamente, sin posibilidad de prórroga. Desde ese momento la persona queda plenamente sujeta a la tributación ordinaria italiana como residente: la renta extranjera vuelve a la base del IRPEF, renacen las obligaciones de declaración de patrimonio en el exterior y vuelven a aplicarse el IVIE y el IVAFE sobre los activos extranjeros. Por eso el régimen debe planificarse siempre a medio y largo plazo.

Sí. La revocación voluntaria está permitida y produce efectos desde el período impositivo siguiente. Suele plantearse cuando la estructura de renta cambia de forma sustancial, cuando la renta extranjera disminuye o cuando la tributación ordinaria resulta más eficiente. Salir del régimen reactiva todas las obligaciones ordinarias de declaración y tributación, así que conviene que sea una decisión planificada y no una reacción.

La pérdida de la residencia fiscal italiana provoca la terminación automática del régimen. La flat tax está estrictamente reservada a residentes fiscales en Italia: cuando esa condición deja de cumplirse, la opción deja de producir efectos, con independencia de los años que quedaran por delante. Por eso la sostenibilidad sustantiva de la residencia no es accesoria, sino central.

Cada familiar incluido paga un impuesto sustitutivo adicional de 50.000 € al año si el traslado se produce a partir del 1 de enero de 2026, y de 25.000 € para las cohortes anteriores. La extensión no es automática: se solicita y se gestiona de forma coherente con la opción del contribuyente principal. Tiene sentido económico cuando el familiar tiene rentas extranjeras propias significativas; cuando no las tiene, el importe se convierte en un costo sin contrapartida.

Sí, y este aspecto suele subestimarse. El régimen incide de forma material en el alcance de la tributación italiana sobre sucesiones y donaciones respecto de los bienes situados en el extranjero. Para patrimonios grandes esto introduce una dimensión patrimonial que va mucho más allá del impuesto sobre la renta. La planificación sucesoria y la gobernanza familiar deberían revisarse a la vez que se decide la opción, no después.

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