Nómada fiscal en Italia: qué es y por qué debería importarle

Ser nómada fiscal es elegir de forma consciente y legal dónde se vive y se tributa. Lo primero no es el régimen: es la residencia fiscal, que en Italia decide el artículo 2 del TUIR con cuatro criterios alternativos desde 2024. Después vienen los tres regímenes italianos.

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En resumen
  • El nómada fiscal traslada de forma planificada y legal su residencia fiscal a otro país. No es evasión: es una decisión que se declara, se documenta y se sostiene con hechos.
  • Italia dejó de ser solo país de salida. Hoy ofrece tres regímenes distintos, con requisitos y públicos distintos.
  • Flat tax de neorresidentes (art. 24-bis TUIR): 300.000 € al año sobre toda la renta de fuente extranjera desde el 1 de enero de 2026 (Ley 199/2025), más 50.000 € por familiar, hasta quince períodos impositivos.
  • Régimen italiano para trabajadores impatriados (regime impatriati, art. 5 D.Lgs. 209/2023): la renta del trabajo producida en Italia entra en la base imponible solo al 50 %, hasta 600.000 € al año, durante cinco períodos impositivos; al 40 % —es decir, 60 % excluido— con un hijo menor.
  • 7 % para jubilados con pensión extranjera (art. 24-ter TUIR): diez períodos impositivos en municipios de ocho regiones del sur con hasta 30.000 habitantes desde el 7 de abril de 2026.
  • Ninguno de los tres da derecho a entrar ni a permanecer en Italia. El permiso y el impuesto son dos trámites separados, y para un ciudadano de fuera de la Unión Europea el permiso va primero.

Hace cien años la residencia fiscal no se elegía. Se nacía en un país, se trabajaba en ese país y allí se pagaban impuestos. Con diferencias nacionales, la regla implícita era clara: la residencia era un hecho casi inmóvil, algo que se heredaba junto con el apellido.

Esa certeza ya no existe. La globalización, la tecnología y el trabajo remoto convirtieron la residencia fiscal en un activo móvil, en una elección entre varias jurisdicciones. De ahí nace la figura del nómada fiscal: quien traslada la propia residencia fiscal a Estados con regímenes más favorables, algo perfectamente legal cuando se gestiona con transparencia.

Lo que antes parecía cosa de unos pocos —magnates, futbolistas, celebridades— hoy afecta a directivos, profesionales, jubilados e incluso a trabajadores remotos de renta media. No es evasión: es planificación deliberada, una pieza de un proyecto de vida que mezcla finanzas, estilo de vida e identidad. Y para el lector latinoamericano tiene una capa más, que ninguna versión anterior de este artículo explicaba: el traslado fiscal y el derecho a residir en Italia son dos cosas distintas, que se resuelven por caminos distintos.

Del mito del paraíso fiscal a la movilidad corriente

En los años ochenta y noventa, hablar de regímenes fiscales favorables evocaba islas del Caribe, bancos suizos y secreto bancario. Era la narrativa del paraíso fiscal clásico. Hoy el paisaje es otro.

En su informe State of Tax Justice 2024, la Tax Justice Network —una organización privada de investigación, no un organismo oficial— cifra en unos 492.000 millones de dólares al año la pérdida de los sistemas tributarios nacionales: 347.600 millones atribuibles a las empresas multinacionales y 144.800 millones a la riqueza offshore de personas físicas. Son estimaciones, no recaudación medida, pero sirven para fijar la escala del fenómeno.

Conviene distinguir. De un lado hay prácticas opacas; del otro, decisiones legítimas. Millones de personas trasladan su residencia fiscal siguiendo reglas públicas, apoyándose en convenios para evitar la doble imposición y en programas de incentivos declarados. Es en esa franja intermedia —entre el riesgo y la oportunidad— donde toma forma la figura del nómada fiscal.

¿Quiénes son hoy los nómadas fiscales?

Del nómada digital al nómada fiscal

Cuántas personas trabajan hoy a distancia recorriendo el mundo no lo sabe nadie con precisión: las cifras que circulan son estimaciones privadas, no estadística oficial, y su horquilla es tan amplia que deja de ser una medida. Lo que sí se observa sin necesidad de números es el perfil: profesionales con ingresos medios o altos que se mueven entre espacios de coworking y ciudades creativas y eligen destinos con buena calidad de vida, conectividad fiable y un marco fiscal legible.

Junto a ellos crece otro grupo: los nómadas fiscales. No son autónomos saltando de un alquiler temporal a otro, sino directivos, empresarios, inversores y jubilados que eligen un país donde fijar la residencia fiscal a medio o largo plazo, reduciendo la carga tributaria y, de paso, cambiando de vida. La diferencia entre unos y otros no es el pasaporte: es el arraigo.

Nomad Landing

¿Trabaja a distancia y evalúa Italia como base? Nomad Landing organiza la llegada completa: visa de nómada digital, codice fiscale (número de identificación fiscal italiano), inscripción en el padrón municipal, cobertura sanitaria y encuadre fiscal antes de que empiece a devengarse el primer impuesto.

Las motivaciones, en orden real

La nueva geografía del nómada fiscal

Europa del Sur

Europa del Sur es hoy la región con más regímenes dedicados: España, Portugal, Italia y Grecia combinan infraestructura, visas específicas y fiscalidad competitiva de una forma que no tiene equivalente en otras regiones.

Portugal vivió una década de éxito con su régimen de Residentes No Habituales, que reducía drásticamente o eximía la renta extranjera; hoy está en proceso de sustitución, después de haber atraído a decenas de miles de nuevos residentes. Grecia introdujo su propio 7 % para jubilados extranjeros y ha visto llegar población a islas y zonas rurales.

Medio Oriente y Asia

Los Emiratos Árabes Unidos, y en particular Dubaí, se han vuelto sinónimo de atracción fiscal: sin impuesto sobre la renta de las personas físicas, con burocracia rápida y un aeropuerto que conecta el mundo. Conviene una precisión, porque la fórmula “cero impuestos” suele estirarse más allá de su perímetro: la exención afecta a las personas físicas, mientras que desde 2023 existe un impuesto sobre sociedades, relevante para quien traslada allí una actividad. En Asia, países como Tailandia y Filipinas experimentan con visas de trabajo remoto, aunque sin la misma estabilidad normativa europea.

América Latina

Costa Rica, México y Uruguay aparecen en todas las listas de destinos para estadounidenses y canadienses, atraídos por el costo de vida, la cercanía y reglas fiscales flexibles. Para el lector que lee esto desde Buenos Aires, Ciudad de México o Santiago, el dato relevante es el inverso: esos mismos países son el punto de partida, y lo que cambia al mudarse a Italia no es solo cuánto se paga, sino dónde y quién tiene derecho a cobrar primero.

Italia: de país de salida a país de llegada

Durante décadas Italia fue un país del que se salía por razones fiscales. Empresarios y profesionales se mudaban a jurisdicciones más competitivas. Hoy el paradigma se ha invertido, y el punto de inflexión tiene fecha: abril de 2025, cuando el Reino Unido suprimió el régimen non-dom que permitía a sus residentes mantener fuera de tributación la renta extranjera.

Perfil de Milán al anochecer con las agujas del Duomo y los rascacielos

La prensa financiera internacional ha descrito a Milán como el nuevo destino europeo de esos flujos: family offices, despachos, bancos e inversores que trasladan parte de su actividad, atraídos no por promesas de impuesto cero sino por seguridad jurídica y estabilidad. Es un movimiento real, aunque conviene leerlo con la cabeza fría: hablamos de un fenómeno de nicho, no de un éxodo.

Los tres regímenes italianos, con los números de 2026

Cuando se habla de atractivo fiscal, Italia ya no es solo el país de la burocracia y de la presión tributaria alta. Ha introducido instrumentos estructurados —no lagunas legales— dirigidos a atraer talento, capital y nuevos habitantes. Son tres, y no se pueden acumular entre sí: cada perfil debe elegir uno.

RégimenPara quiénQué se pagaDuración
Flat tax de neorresidentes (art. 24-bis TUIR)Quien traslada su residencia fiscal a Italia sin haberla tenido nueve de los diez años anteriores300.000 €/año a tanto alzado sobre toda la renta extranjera; 50.000 € por familiarHasta 15 períodos impositivos
Régimen italiano para trabajadores impatriados (art. 5 D.Lgs. 209/2023)Trabajadores por cuenta ajena y profesionales con alta cualificación que trasladan la residenciaSolo el 50 % de la renta entra en la base del IRPEF, hasta 600.000 €/año; el 40 % con hijo menor5 períodos impositivos
7 % para jubilados (art. 24-ter TUIR)Titulares de pensión de fuente extranjera que se instalan en el sur, en municipios de hasta 30.000 habitantes7 % sobre toda la renta de fuente extranjera10 períodos impositivos

La flat tax de 300.000 €

Es el instrumento más comentado. El artículo 24-bis del Testo Unico delle Imposte sui Redditi permite pagar una cantidad fija anual sobre toda la renta de fuente extranjera, con independencia de su importe. Desde el 1 de enero de 2026 esa cantidad es de 300.000 €, fijada por la Ley 199/2025; antes fueron 200.000 € y, hasta agosto de 2024, 100.000 €. Cada familiar incluido paga 50.000 € al año, el doble que antes. Quien ejerció la opción bajo las reglas anteriores conserva su importe. No es un régimen para todos: está pensado para grandes patrimonios internacionales. Lo explicamos con números en nuestra guía de la flat tax italiana.

El régimen italiano para trabajadores impatriados

La lógica es distinta: aquí el beneficio recae sobre quien trabaja y produce renta en Italia. La ley excluye de la base imponible la mitad de la renta del trabajo dependiente y del trabajo autónomo, con un techo de 600.000 € al año y una duración de cinco períodos impositivos. Con un hijo menor residente en Italia, la parte que tributa baja al 40 %. Exige no haber sido residente fiscal en Italia en los tres períodos anteriores —seis o siete si se vuelve a trabajar para el mismo empleador o su grupo— y comprometerse a residir cuatro años. Los requisitos completos están en la guía del regime impatriati.

El 7 % para jubilados con pensión extranjera

Es la medida más ligada al territorio. Quien cobra una pensión pagada por un sujeto extranjero y traslada su residencia a un municipio de Sicilia, Calabria, Cerdeña, Campania, Basilicata, Abruzos, Molise o Apulia con no más de 30.000 habitantes —umbral vigente desde el 7 de abril de 2026 (Ley 34/2026, antes 20.000)—, o bien a uno de los municipios afectados por los seísmos del centro de Italia (anexos 1, 2 y 2-bis del D.L. 189/2016) o por el del 6 de abril de 2009, puede tributar al 7 % sobre toda su renta de fuente extranjera —no solo la pensión— durante diez períodos impositivos. Se exige además no haber sido residente fiscal en Italia en los cinco períodos impositivos anteriores. La condición decisiva es que la pensión sea extranjera: una pensión del INPS italiano no da acceso, aunque quien la cobra viva en Caracas o en Mendoza desde hace treinta años.

Silver Move

Silver Move acompaña el traslado de quien se jubila en Italia: verificación de que el municipio elegido cumple el artículo 24-ter, orden correcto entre visa, empadronamiento y residencia fiscal, alta sanitaria y presentación de la opción en la declaración italiana.

Residencia fiscal no es ciudadanía, y un régimen no es un permiso

Este es el punto donde más se equivoca el lector hispanohablante, y conviene decirlo sin rodeos. La ciudadanía no determina dónde se pagan impuestos. Un argentino que obtiene el pasaporte italiano por descendencia no se convierte por ello en residente fiscal italiano, y un mexicano sin una gota de sangre italiana puede serlo desde el primer año.

Lo que decide es el artículo 2 del TUIR, reescrito por el D.Lgs. 209/2023 con efectos desde el 1 de enero de 2024. La norma vigente fija cuatro criterios alternativos: basta que uno solo se cumpla durante la mayor parte del período impositivo.

  • La residencia civil, es decir, la morada habitual según el Código Civil italiano.
  • El domicilio, que la reforma redefinió como el lugar donde se desarrollan principalmente las relaciones personales y familiares de la persona. El elemento económico, que antes contaba, ha desaparecido.
  • La presencia física en el territorio, hoy criterio autónomo: se cuentan los días, y la ley ordena contar también las fracciones de día.
  • La inscripción en el padrón de población residente, que ya no es un criterio pleno sino una presunción relativa: vale “salvo prueba en contrario”.

La palabra que lo cambia todo es alternativos. No hace falta que los cuatro elementos concurran a la vez: basta con que se dé uno. Y conviene no confundir planos: el “centro de intereses vitales” no pertenece al artículo 2 del TUIR, sino a las reglas de conflicto de los convenios (artículo 4 del Modelo OCDE), que solo entran en juego cuando dos Estados reclaman a la vez la residencia.

Hay además un apartado que afecta específicamente a quien tiene la ciudadanía italiana — y son muchos, entre los lectores de Argentina, Venezuela o Uruguay. El artículo 2, apartado 2-bis del TUIR establece que los ciudadanos italianos dados de baja del padrón y trasladados a Estados o territorios distintos de los identificados por decreto del Ministerio de Economía y Finanzas “se consideran igualmente residentes, salvo prueba en contrario”.

Es decir: para un italiano inscrito en el AIRE que se instala en un país no incluido en esa lista, la carga de la prueba se invierte. No es la Administración quien debe demostrar que la residencia siguió en Italia: es el contribuyente quien debe probar que se marchó de verdad. La prueba se construye con papeles ordinarios —contrato de alquiler o escritura, suministros a su nombre, alta sanitaria local, movimientos bancarios, billetes de viaje, el colegio de los hijos— y se reúne antes de salir, no después del primer requerimiento.

Y hay una segunda separación, todavía más práctica: ningún régimen fiscal otorga el derecho a entrar o a quedarse en Italia. Optar por el 24-bis no es una visa. El 7 % no es un permiso de residencia. Para quien viene de Argentina, Uruguay, Venezuela, México, Chile o Colombia hacen falta dos cosas en este orden: primero un título de estancia —visa y después permesso di soggiorno (permiso de residencia)—, y solo entonces el encuadre fiscal. Quien invierte el orden se encuentra con un régimen al que no puede acceder porque no puede quedarse. Si tiene pasaporte de un país de la Unión Europea, incluida España, se salta el primer paso: le basta con inscribirse en el padrón municipal acreditando medios suficientes y cobertura sanitaria (D.lgs. 30/2007, Directiva 2004/38/CE).

Qué convenio se aplica según su país

El segundo error frecuente es creer que un régimen italiano decide toda la ecuación. No la decide: el país de origen conserva potestades tributarias, y quien las reparte es el convenio para evitar la doble imposición. Antes de dar por buena cualquier cifra conviene comprobar si existe convenio en vigor entre Italia y su país y qué dice sobre su tipo de renta: la lista actualizada, con los textos y las fechas de entrada en vigor, la publica el Dipartimento delle Finanze italiano.

PaísFirmaEn vigor desdePensiones privadas (art. 18)
ArgentinaRoma, 15.11.1979 (protocolo 1997)15.12.1983Solo en el Estado de residencia
MéxicoRoma, 08.07.199112.03.1995Solo en el Estado de residencia
VenezuelaRoma, 05.06.199014.09.1993Solo en el Estado de residencia. El Protocolo, letra c), reserva en cambio las pensiones de seguridad social al Estado que las paga
ChileSantiago, 23.10.201520.12.2016Solo en el Estado de residencia
UruguayMontevideo, 01.05.201909.10.2020Solo en el Estado de residencia, salvo la cláusula del Protocolo (punto 6.b) contra la doble no imposición
ColombiaRoma, 26.01.201807.10.2021Solo en el Estado de residencia, salvo que no tributen allí
EspañaRoma, 08.09.197724.11.1980Solo en el Estado de residencia

Dos matices que cambian resultados reales. El primero: en los siete convenios, las pensiones públicas —las pagadas por el Estado, una subdivisión política o un ente local por servicios prestados a esa administración— tributan en el Estado que las paga, salvo que la persona sea residente y nacional del otro Estado. El segundo: el convenio con Colombia contiene una cláusula de sujeción efectiva; si la renta no tributa en el Estado de residencia, el Estado de origen recupera el derecho a gravarla. Con Argentina hay además una peculiaridad histórica: el artículo de «otras rentas» permite la imposición en ambos Estados, algo poco habitual en los convenios modernos. Y dos avisos que afectan a quien cobra una pensión pública: con Venezuela, la letra c) del Protocolo deja las pensiones de seguridad social imponibles en el Estado que las paga —una pensión del IVSS o del INPS sigue tributando allí—; con Uruguay, el punto 6.b) del Protocolo impide que la pensión quede exenta en los dos Estados a la vez. Todos estos datos proceden de los textos publicados por el Dipartimento delle Finanze, enlazados en las fuentes.

Riesgos y responsabilidades: más allá del privilegio

Todo incentivo plantea una pregunta: ¿hasta dónde puede llegar un país atrayendo riqueza extranjera sin generar desequilibrios internos? En el plano técnico, el primer riesgo es la residencia ficticia. La ley italiana fija criterios sustantivos: presencia física durante la mayor parte del período impositivo, centro de intereses vitales, familia y patrimonio arraigados. Sin eso, la residencia es solo formal, y el litigio con la administración tributaria es cuestión de tiempo.

El segundo riesgo es sistémico. Los incentivos demasiado generosos, si se perciben como privilegios de una élite, alimentan resentimiento; el caso portugués lo demostró. El tercero es internacional: el marco BEPS de la OCDE y el Common Reporting Standard han hecho de la transparencia la norma. El secreto bancario terminó, y quien elige ser nómada fiscal debe hacerlo sabiendo que sus rentas extranjeras son visibles para las administraciones de ambos lados.

Ser nómada fiscal no es un atajo. Es una decisión que conlleva deberes: vivir bajo la mirada de varias jurisdicciones, cumplir normas complejas e integrarse en una comunidad que no es un refugio, sino un lugar donde vivir, trabajar y criar hijos. Funciona cuando se plantea como un proyecto de largo plazo, no como una fuga temporal. Y conlleva una obligación en sentido contrario, que suele olvidarse: quien pasa a ser residente en Italia debe declarar cada año sus activos financieros y patrimoniales en el extranjero en el quadro RW de la declaración italiana. Con el intercambio automático de información, las cuentas ya son visibles: omitirlas es el modo más rápido de convertir un traslado correcto en un litigio.

Conclusión

La figura del nómada fiscal ya no es una excepción: es parte de la normalidad de la globalización. Es un mapa en movimiento que redibuja dónde vivimos, dónde contribuimos y dónde imaginamos el futuro. En ese mapa, Italia ha encontrado un lugar inesperado: ya no solo país de partidas, también de llegadas.

Para muchos, trasladarse no consiste en «pagar menos», sino en vivir mejor en otro sitio. Pero para que ese otro sitio sea Italia hay que resolver tres cosas en el orden correcto: el derecho a estar, el país que grava primero y el régimen que corresponde a su perfil. En 2026 los tres tienen respuesta. Ninguna de ellas es automática.

Fuentes
  • Normattiva — Texto vigente de los arts. 2, 24-bis y 24-ter del TUIR y del art. 5 del D.Lgs. 209/2023
  • Gazzetta Ufficiale della Repubblica Italiana — Publicación de la Ley 199/2025 (300.000 €) y de la Ley 34/2026 (umbral de 30.000 habitantes)
  • Agenzia delle Entrate — Instrucciones y respuestas a consultas sobre los regímenes de neorresidentes, impatriados y jubilados extranjeros
  • Dipartimento delle Finanze — Lista oficial de los convenios italianos para evitar la doble imposición, con fechas de firma y entrada en vigor
  • OCDE — Marco BEPS y estándar común de comunicación de información financiera (CRS)
  • Tax Justice Network — Estimaciones privadas sobre pérdida recaudatoria y riqueza offshore
  • Ministero dell’Interno — Requisitos de entrada y estancia para ciudadanos de fuera de la Unión Europea

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Preguntas frecuentes

Sí, si se hace de verdad y se declara. Trasladar la residencia fiscal a otro país es un derecho, y los Estados publican los regímenes a los que se accede. Lo que es ilegal es simular el traslado: mantener la familia, la vivienda y la actividad en el país de origen y declarar la residencia en otro. Italia y los países de origen intercambian información financiera de forma automática, así que la diferencia entre planificación y simulación se detecta con datos, no con sospechas.

No. Son dos cosas independientes. La ciudadanía dice de qué Estado es usted nacional; la residencia fiscal dice qué Estado grava su renta mundial. Un argentino con pasaporte italiano que vive en Buenos Aires sigue siendo residente fiscal argentino. Y un colombiano sin ningún vínculo familiar con Italia se convierte en residente fiscal italiano en cuanto traslada allí su vida durante la mayor parte del año e inscribe su residencia.

No, en absoluto, y es el malentendido más caro. Los regímenes fiscales se ejercen en la declaración de la renta; el derecho a estar en el país se obtiene con una visa y un permesso di soggiorno, o —si usted es ciudadano de la Unión Europea— con la inscripción en el padrón municipal. Un ciudadano de Argentina, México o Chile debe resolver primero el título de estancia. Sin él, no llega siquiera a poder ejercer la opción fiscal.

No. La flat tax de neorresidentes, el régimen para trabajadores impatriados y el 7 % para jubilados responden a lógicas incompatibles y no se acumulan en el mismo período impositivo. Cada perfil debe identificar cuál le conviene antes de trasladar la residencia, porque algunas puertas se cierran para siempre una vez elegido el camino. La comparación se hace sobre números propios, no sobre porcentajes generales.

No automáticamente. Depende del convenio para evitar la doble imposición y del tipo de renta. Las pensiones privadas suelen tributar solo en el Estado de residencia; las pensiones públicas, en el Estado que las paga; los dividendos e intereses suelen mantener una retención en origen. Italia tiene convenio en vigor con Argentina, México, Chile, Colombia, Uruguay, Venezuela y España, y cada uno reparte esas potestades de forma ligeramente distinta.

La ley habla de la mayor parte del período impositivo, contando también las fracciones de día de presencia física. En la práctica, más de la mitad del año. Pero la presencia física es solo uno de los cuatro criterios alternativos del artículo 2 del TUIR: cuentan igualmente la residencia civil, el domicilio —entendido desde 2024 como el lugar de las relaciones personales y familiares, ya no de los intereses económicos— y la inscripción en el padrón, que hoy es una presunción relativa. Basta uno: se puede ser residente italiano por vínculos aunque el recuento de días quede justo.

No. El artículo 24-ter exige que la pensión sea pagada por un sujeto extranjero. Un italiano inscrito en el AIRE que cobra una pensión del INPS y regresa al sur de Italia no accede a este régimen, por muchos años que haya vivido fuera. Es un vacío conocido, que afecta también a quien trabajó en Italia y hoy vive en Sudamérica cobrando una pensión italiana. Conviene comprobar el origen de cada pensión antes de planificar el traslado.

Se pierde el régimen y se recuperan los impuestos ahorrados con intereses, y en algunos casos con sanciones. Por eso la documentación importa: contrato de alquiler o escritura, alta en el padrón, inscripción sanitaria, movimientos bancarios, contratos de trabajo y pruebas de presencia. La regla práctica es simple: si su vida no se puede reconstruir en Italia con papeles, la residencia fiscal italiana es frágil.

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